Pero cuando te enteras por Internet (es imposible caer en la tentación) que aproximadamente un tercio de la masa forestal de Gran Canaria se ha quemado es difícil tratar de ignorarlo.
Los pinares de Gran Canaria son el reducto natural heredado después de siglos de conquista y colonización. Los bosques termófilos y la laurisilva se perdieron hace ya tiempo. La deforestación, el pastoreo y el cultivo de caña de azúcar (entre otras causas) acabaron con los rincones de la isla más verdes, más diversos y más ricos en vida.
Pinar de Pajonales en enero de 2005
Las especies que lo habitaban no correrán tan buena suerte. Con el bosque han ardido plantas, insectos, reptiles y aves que no se recuperarán tan fácilmente como el pinar. Puede que muchas especies, algunas de ellas endémicas, únicas, se hayan perdido para siempre. Me pregunto que habrá pasado con el Pinzón Azul de Gran Canaria (Fringilla teydea polatzeki), cuyas últimas estimas rondaban los 200 individuos. Se concentraban, principalmente, en los pinares de Inagua y Pajonales.
Miles de años de evolución condujeron a estas especies al último refugio conservado de Gran Canaria. Ahora se consumen al mismo ritmo que arde una caja de cerillas.
